Crímenes de azahar, corona de espinas
Arrancar un naranjo cargado es un crimen y una incitación a la guerra que jamás haría un jornalero. Vayan y pregunten por Cisjordania, Chipre o Argelia. Ahora los llamados sin tierra brasileños arrancan 12.000. Lo que sus coros europeos no dicen es que esos sin tierra no son jornaleros, campesinos sin tierra, sino lumpen suburbano que ha encontrado en la reclamación de tierras una forma de vivir y existir politicamente. Dicen que Lula no les escucha. La presunta utopía de convertir a 30 millones de brasileños pobres en propietarios de parcelas que sólo permitirían la susbsistencia a base de subvenciones generalizadas, no cabe ni en el Brasil del pobrismo petista que hasta hace poco les adulaba con dialécticas coronas de azahar y hoy descubre que son su corona de espinas.
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